Cuestión de números

by Yasmín

por Leira Araújo

LLEVO 10 años en la academia española, que en sentido matemático podría leerse como una década entera sintiéndome una intrusa. La mitad de este periodo, me vi además condenada al ostracismo por ser la becaria de una profesora que denunció por mobbing a sus compañeros de trabajo.

Siento la lepra institucional bajo la ropa. Irónicamente, cada vez que salgo de España vuelvo a sentirme en casa. En Francia, mis amigos migrantes y yo estamos a la par: venezolanos, colombianos, ecuatorianos, argentinos, españoles y argelinos estamos enlazados por el esfuerzo doble de sobrevivir a la tesis y amaestrar el acento francés. En París, además, realizar un mapeo racial es más difícil, tienen el flujo cosmopolita bajo los puentes del Sena.

He pensado continuamente en volver a migrar, retornar a casa, dejarlo todo y empezar de cero; permitir que otros ganen la partida.

Vivo bifurcada porque es doloroso reconocerse víctima. Justamente, lo que quieren desde las esferas de poder es que las víctimas –del racismo institucional, de las violencias machistas– nos quedemos en silencio. También lo quieren los mandos medios. En numerosas ocasiones he tenido que callarme para evitar un conflicto en un congreso, en una cena con amigos, en una charla con una compañera de proyecto que ignora que participa en el extractivismo cultural.

Recuerdo el día que entré a mi antiguo departamento de becarios y anuncié que, finalmente, me otorgaban la ciudadanía española. “¿Y para qué la quieres?”, preguntó M. “¿Cómo que para qué la quiero?”, pensé. Todos los derechos de los que carecía hasta ese momento, todas las oportunidades que perdí, todos los padeceres y lloradas en el baño de mis primeros trabajos en el territorio español, de repente, se convirtieron en un trazo absurdo dentro del paisaje de mi memoria. “¿Para qué?”. Cuesta mucho hacerle ver a las personas que tienen padres, círculo de soporte y un sinfín de privilegios que el hecho de mantenerte en una posición de relativa comodidad no te convierte en un par.

Para mí es un lujo ser académica. Lo vivo como lo que es. Nadie me donó nada y los primeros años de mis estudios –que se alargaron porque los realizaba de forma parcial– los compaginé con un sinfín de trabajos varios: comercial, repartidora de volantes, captadora de ONG, vendedora de bonos de gimnasio y reportera ocasional a distancia en los medios que abandoné cuando me fui de mi país de origen.

He dormido por los días y trabajado por las noches. He escrito artículos de investigación en los momentos libres de mi rol como cuidadora de mi hermana mientras ella se trataba un cáncer en el 2020. A mí, la escritura me salvó de la locura y por eso sigo atada a ella, en todas sus formas, científica o no. No quiero despegarme de aquello que me ha dado una nueva vida a la que asirme. En la página en blanco encontré un lugar desde el cual disparar dardos y preguntas con el objetivo de saldar la deuda histórica de la poesía escrita por mujeres que no tuvieron voz porque no entraban en el proyecto político de turno. Aun así, muchas veces siento que no lo merezco.

El capital cultural que me dio mi madre antes de morir me otorga una ventaja extraña con respecto a otros cuerpos migrantes y por eso me esfuerzo el doble. Tengo que saber más. Hablar 4 idiomas no basta. Tengo que ayudar más. Alojar a todos los ecuatorianos que vienen a España no basta. Tengo que agradecer más. No puedo permitirme estar triste más de un día. Tengo que producir más. Las métricas y los indicadores nunca duermen. Al igual que cuando trabajaba en ventas, en el mundo académico, hay un target al cual llegar. La competencia está allí: si te detienes, perderás tu lugar. Aunque no quiera aceptarlo, es todo cuestión de números.


Leira Araújo-Nieto es poeta, investigadora y periodista. En Ecuador cursó el Grado en Periodismo con Mención de Literatura de la Universidad Católica Santiago de Guayaquil y el Grado en Artes Escénicas de la Universidad de Especialidades Espíritu Santo. Vive en España desde 2016, donde estudió el Máster en Literatura Española e Hispanoamericana, Teoría de la Literatura y Literatura Comparada de la Universidad de Salamanca. Actualmente realiza su tesis doctoral en la Universidad de Granada. Su investigación se centra en la poesía ecuatoriana escrita por mujeres. Es autora de Caníbales (2015), Última noche en el país de los hoteles (Premio Nacional de Poesía Ileana Espinel Cedeño, 2015) y Tuve un amor bello y oscuro (Premio Internacional de Poesía de Montejícar, 2024).

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