Esperanza antes de mí / Esperanza before me

by Yasmín

Leí a Yasmín escribir sobre su madre antes de ella.

Sobre Lolita nadando lejos, bailando, habitando un cuerpo que todavía no estaba organizado alrededor de nadie más. Una forma de mirar hacia atrás y reconocer a la madre en una versión anterior, todavía legible.

Yo no tengo esa Esperanza antes de mí.

Existe una versión de mi madre que no me pertenece, pero tampoco sé cómo acercarme a ella. Se llama Esperanza, nació en Chahuites, en ese borde donde Oaxaca casi se vuelve Chiapas; y existe en un tiempo que no logro reconstruir. Ni siquiera como imagen. Ni como recuerdo prestado.

Chahuites aparece como un punto fijo. Es un nombre, una coordenada, un lugar donde mi madre ya era alguien que no conozco. Puedo repetirlo, ubicarlo en un mapa, incluso decir que está en el límite entre dos estados. Pero no logro volverlo experiencia.

No es que mi madre no haya tenido una vida antes de mí. Es que no sé cómo imaginar esa vida.

Cuando era ya madre de mis hermanos, la imagino un poco más. Podría haber habitado ya ciertas formas de cuidado, de cansancio, de repetición. Pero no era mi madre.

Y esa diferencia no es menor.

Porque ahí donde Yasmín encuentra una especie de continuidad —una línea que se extiende desde Lolita hasta ella—, yo encuentro otra cosa: una interrupción. Un punto en el que la historia deja de ser accesible.

Chahuites es un nombre que repito como si eso bastara. Después vienen otros nombres: Ciudad de México. Un banco. Pachuca. Una docente. Una profesión. Mi madre está ahí, en algún momento de su vida que no compartimos, haciendo cosas que no sé nombrar, teniendo una relación con el mundo que no puedo reconstruir.

No sé cómo caminaba.
No sé qué deseaba. O a quién.
No sé qué partes de su vida todavía no habían sido atravesadas por otros.

Quizá no se trata de recuperar ese antes. Puede que para mí sea imposible. Cada hija tiene una relación distinta con esa zona desconocida del tiempo.

¿Desde dónde podría mirar a Esperanza cuando no estaba ahí?

Tal vez no se trate de reconstruirla, sino de permitir una imagen mínima. Pensar en una muchacha de dieciséis años que decide irse.

No como mi madre, sino como alguien que se mueve sin saber todavía hacia qué. Salir de Chahuites no como un punto en el mapa, sino como un gesto: dejar una casa, un clima demasiado conocido, una forma de estar en el mundo que ya no le alcanza.

Intento imaginar ese momento, pero no logro fijarlo.

¿Qué día fue?
¿Llevaba una maleta?
¿Alguien la despidió o se fue sin mirar atrás?

La ciudad aparece después —Ciudad de México, Azcapotzalco, Cuauhtémoc, Benito Juárez— como una serie de nombres que organizan su vida. No sé cómo habitaba su cuerpo entonces. No sé si tenía miedo. No sé si pensaba en volver. Podía ser ya madre. Pero no era mi madre.

Hay algo de ella que existe sin mí. Y no sé cómo mirarlo.


Before Me, Esperanza

I read Yasmín’s story about her mother before her.

A text that deals with Lolita swimming far out, dancing, inhabiting a body that hadn’t yet been organised around anyone else. A way of looking back and recognising the mother in an earlier version of herself, still legible.

I don’t have that Esperanza before me.

There is a version of my mother that isn’t mine, yet I don’t know how to approach her. Her name is Esperanza. She was born in Chahuites, at that edge where Oaxaca almost becomes Chiapas, she exists in a time I can’t reconstruct. Not even as an image. Not even as something I’ve been told.

Chahuites appears as a fixed point. A name, a coordinate, a place where my mother was already someone I don’t know. I can repeat it, locate it on a map, even state that it sits on the border between two states. But I can’t make it real.

It’s not that she didn’t have a life before me. It’s that I don’t know how to imagine it.

I can picture her a little more when she was already a mother to my siblings. She may have already lived certain forms of care, of exhaustion, of repetition. But she was not my mother.

And that difference matters.

Where Yasmín finds a kind of continuity —a line that extends from Lolita to herself— I find something else: an interruption. A point where the story stops being accessible.

Chahuites is a name I repeat as if that were enough. Then other names follow: Mexico City. A bank. Pachuca. A teacher. A profession. My mother is there, in a moment of her life I don’t share, doing things I can’t name, relating to the world in ways I can’t reconstruct.

I don’t know how she walked.
I don’t know what she wanted. Or whom.
I don’t know which parts of her life hadn’t yet been shaped by others.

Maybe it’s not about recovering that earlier version of her. Maybe it’s impossible for me. Each daughter relates differently to that unknown part of time.

From where could I even begin to look at Esperanza when I wasn’t there?

Maybe it’s not about reconstructing her, but about allowing for the smallest image. A sixteen-year-old girl deciding to leave.

Not as my mother, but as someone moving without yet knowing toward what. Leaving Chahuites not as a point on a map, but as a gesture: leaving behind a house, a heat too familiar, a way of being in the world that no longer holds.

I try to imagine that moment, but I can’t fix it.

What day was it?
Did she carry a suitcase?
Did someone say goodbye to her, or did she leave without looking back?

The city comes later: Mexico City, Azcapotzalco, Cuauhtémoc, Benito Juárez, as a series of names that organise her life. I don’t know how she inhabited her body then. I don’t know if she was afraid. I don’t know if she thought about going back. She could already have been a mother. But she was not my mother.

There is something of her that exists without me. And I don’t know how to see it yet.


Alejandra Gotóo (Ciudad de México, 1991) estudió Lengua y Literatura Modernas Inglesas por la FFyL, de la UNAM. Después se aventuró a la maestría en Antropología Social, Universidad Iberoamericana. Su trabajo ha sido publicado en Chile, Colombia y Croacia, entre otros. En proyectos recientes ha explorado las intersecciones entre las experiencias de profesionales de la salud durante la pandemia de COVID-19. Realizó su investigación de posgrado sobre las vidas en la primera línea de batalla contra el virus. Su anhelo actual son las experiencias compartidas; las comprensiones mutuas. Durante sus elucubraciones encontró algo que antes no había logrado sentir de este modo, los cuerpos humanos, animales, y los espacios se entrelazan de una manera que podríamos sintetizar con la palabra paradoja. Ama a su perro peludo, el mathrock y el juguito de las satsumas.

You may also like

Leave a Comment