QUIOTE

by Yasmín


FROM THE CENTER of the maguey blooms
an enormous quiote, up to
ten meters tall.
The plant flowers—fully mature—
and takes
between seven and ten years to grow.
You explained all this to me that evening
while I listened, spellbound.
In my mouth, I imagined the honey water
you spoke so much about, spilling.
You told me that the maguey
flowers only once in its lifetime.
After that, it dies.
You wanted me to learn to recognize
a maguey from a distance,
its flower rising like a signal
of encounter or welcome.
“This is going to hurt,” I told you,
“when we’re no longer together.”
The years passed; we scraped off
all the honey from each other
until nothing was left.
One day, I was traveling down the road.
In the distance, I saw a quiote,
then another, and another, and another
the maguey flowers multiplying
and I remembered you, as expected.
The plants stayed behind,
the sap that took
so many years to form
also stayed behind.
And that sentence,
to love only once in a lifetime,
returned to me like a latent thought, ready to be cut at the root.
From the center of the maguey,
your name sprouted.
I recognized it from afar,
and it was no longer a sign of encounter,
but merely one of farewell.


DEL CENTRO del maguey brota

un enorme quiote de hasta

diez metros de altura.

La planta florece —ya madura—

y tarda

entre siete y diez años en crecer.

Me explicaste todo esto aquella tarde

en que yo te escuchaba embelesada,

en mi boca imaginaba escurriendo

el aguamiel del que tanto hablabas.

Me dijiste que el maguey

florece una sola vez en toda su vida.

Después de eso muere.

Querías que aprendiera a reconocer

un maguey a la distancia,

la flor erigiéndose como una señal

de encuentro o de bienvenida.

Esto me va a doler

cuando ya no estemos juntos, te dije.

Pasaron los años, raspamos de nosotros

toda la miel hasta que ya no quedó nada.

Un día iba viajando por la carretera,

a lo lejos vi un quiote,

y luego otro y otro y otro,

las flores de los magueyes multiplicándose

y me acordé de ti, como era de esperarse.

Las plantas iban quedándose atrás,

la savia que tardó

tantos años en formarse

también se quedó atrás

y aquella sentencia

de amar una sola vez en toda la vida

volvió a mí como una idea latente,

lista para ser cortada de tajo.

Del centro del maguey

brotó tu nombre

lo reconocí a lo lejos

y ya no fue señal de encuentro

sino tan solo de despedida.


Iveth Luna Flores (Monterrey, Nuevo León, 1988) es licenciada en Letras Mexicanas por la UANL. Autora de los libros de poesía Comunidad terapéutica (Premio Nacional de Poesía Joven “Francisco Cervantes Vidal” 2016), Ya no tengo fuerza para ser civilizada (Editorial Universitaria, UANL, 2022), Mis amigas están cansadas (Dharma Books, 2024) y del libro de ensayos Neblina afuera (Sexto Piso, 2025). Fue becaria del Centro de Escritores de Nuevo León, del programa Jóvenes Creadores del FONCA y del Sistema Nuevo León para el Impulso Artístico y la Creación. Imparte talleres de poesía para principiantes y especializados en diversos temas como la familia, la amistad y el paisaje urbano.

Translated from the Spanish by Yasmin Rojas 

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