CIUDAD DE MÉXICO. 1° DE NOVIEMBRE, 2025
Estación de la Línea 1 del Cablebus: Campos revolución. Barrio de Cuautepec.
4:30 pm. Horas antes de la Celebración del Día de los Muertos. -Maquillaje blanco, sombras de color morado para los parpados, lápiz labial rojo mate con un poco de gloss para darle brillo a mis labios, y diamantina negra para resaltar el rubor de mis mejillas. Guantes blancos, gorguera para el cuello, disfraz con pompones de algodón en color blanco, si, pompones en todo el torso del disfraz. ¿Cuántos pompones serán en esta ocasión? Serán 4. Y por último, un sombrero puntiagudo de color negro, quiero dar una buena impresión. ¿Mis zapatos?, serán los mismos tenis gastados de color rosa que tengo desde hace un tiempo.
El día había llegado. Joselyn no podía ocultar la emoción que le provocaba esta fecha tan colorida y a su vez, tan oscura. La celebración del día de los muertos era su fecha preferida en todo el año. Se puede decir que vivía para esa fecha, y muy en el fondo sentía que podía morir por la misma. Si por ella fuera, el año podría comenzar a las 12:00 am del 1° de Noviembre y terminar a las 11:59 pm del día 2 de Noviembre. Quería salir a divertirse, se disfrazaría de payaso pierrot, “Yo misma confeccione mi disfraz”, dijo. Caminaría por las calles, admiraría los disfraces de la gente y disfrutaría del fresco olor a copal proveniente de la ofrenda mayor de la Plaza Hidalgo. Ella misma se prometía una noche llena de luz, color, y olores emblemáticos; luego, regresaría a casa ya casi de madrugada, eso no le preocupaba puesto que en la celebración del día de los muertos las calles estaban concurridas hasta muy tarde. Con seguridad -antes de llegar totalmente a su hogar- pasaría a comprar su cena la cual disfrutaría más tarde junto con su mamá. También verían una película, en esta ocasión seria: Trick ‘r Treat.
Todo eso pensaba Joselyn mientras se traslada por los aires. La línea 1 del Cablebus, que apenas tenía 5 años de haber sido inaugurada y que conectaba a Indios Verdes con el barrio de Cuautepec, ubicado en el norte de la Ciudad de México, había venido a desahogar -un poco- la gran afluencia de gente que se trasladaba a su lugar de estudio o de trabajo por vía terrestre; 5 años después, “volar”, era parte de la rutina diaria de muchas personas. Joselyn estaba al tanto de esta facilidad. Muchas veces se dio cuenta de que la cabina en donde viajaba se quedaba vacía antes de llegar a su destino, es ahí donde aprovechaba para pensar a solas, con profundidad y con tranquilidad, en el número de pompones de algodón que tendría su disfraz para la celebración del día de los muertos. Pronto llegaría a la última estación de su trayecto: Cuautepec. Se apresuró para salir de las instalaciones del Cablebus con el fin de dirigirse hacia la Plaza Hidalgo, donde compraría las últimas cosas que necesitaba para su ofrenda, “Papel picado de colores, un ramo de flores de Cempoalxochitl y tres veladoras para darle luz a la ofrenda. Oh, y una cerveza”, dijo con asombro.
6:23 pm. De regreso en casa. -¡Joselyn! –Grito su mamá desde su habitación-, ¡¿A qué hora te vas a ir?! -¡Me voy a las siete! Julia va a pasar por mí. Con mucha minuciosidad, Joselyn supervisaba que el maquillaje blanco de payaso pierrot, aplicado sobre su rostro, se hubiera adherido muy bien a su piel; daba los últimos retoques a sus labios mientras de fondo escuchaba Pain de Boy Harsher en su laptop; esa canción la motivaba en su empresa de disfrutar esta noche como ninguna otra. Nada podría salir mal. Se apartó del espejo –donde se maquillaba- para proceder a colocarse su disfraz, y, mientras hacía esto, no podía dejar de pensar en la terrible muerte de una mujer que un año antes, había sido encontrada a medio sepultar en un cerro muy cercano a su casa. La noticia la había impactado demasiado, pero no podía explicarse el por qué no dejaba de pensar en esa mujer en este 1° de Noviembre, “Debe de ser por la fecha, después de todo, hoy, todos los muertos están con nosotros”, pensó.
6:40 pm. Dudas. Después de colocarse su disfraz se dirigió a su cama, se sentó y procedió a ajustarse los cordones de sus tenis gastados; Joselyn seguía pensando en aquella mujer muerta, y como un acto inconsciente, dentro de su mente, hizo la siguiente pregunta: “¿Cuál era tu nombre?”. Esa pregunta le hizo tener la necesidad de levantar la mirada hacia el espejo que estaba frente a ella, y, como respuesta inmediata -venida desde el más allá- vio el reflejo de un ente femenino, corrompido y maltrecho por el trabajo de los gusanos que le grito, “¡Mi nombre era Sofía!”. Ese grito fue tan fuerte, desconcertante y escalofriante, que por un momento, Joselyn aseguro que su cerebro, sus tímpanos y el vidrio del espejo estaban rotos. Al mismo tiempo, ese grito hizo que Joselyn se levantara de su cama como si tuviera un par de resortes en las piernas, pero no pudo hacer más. Se quedó paralizada, fría y aturdida; quería gritar pero no podía hacerlo, sentía que sus ojos iban a salirse de su cráneo; ahora, podía sentir que un universo de terror, poco a poco abrazaba su existencia. El tono blanco de su maquillaje de payaso Pierrot se había intensificado debido a la impresión de aquel suceso de ultratumba.
Poco a poco fue recuperando el control de sus sentidos y muy lentamente se dirigió hacia el espejo donde aquel fantasma se había presentado: sus piernas temblaban con cada paso que daba y tan aturdida estaba por aquel grito infernal, que apenas reconocía que la letra de Pain -su canción favorita- le estaba dando una advertencia:
Cuando Joselyn estuvo frente al espejo, se percató de que no había rastro del fantasma de Sofía. El espejo solo mostraba su propio reflejo. Muy lentamente acerco los dedos de su mano derecha al frio vidrio para asegurarse de no estar viviendo en una pesadilla; mientras hacía esto, la puerta de su habitación se abrió de súbito, era su madre: Angélica.
7:10 pm. Inquietud. -Creí que ya no ibas a salir. Tú amiga Julia…. ¿Lysarder? o ¿Lysander?, bueno, como sea, lleva 10 minutos esperándote. ¿Quieres que le diga que te espere un poco más…. o le digo que se valla y que tú la alcanzas después? -Di…. dile que se valla…. Que yo le llamo después. –Dijo Joselyn con aparente miedo y desconcierto-. Su madre, Angélica, no pasó por alto la extraña actitud de Joselyn. De hecho, tampoco paso por alto la extraña corriente de frio que dominaba la habitación; como sea, cerró la puerta y
“Te seguiré toda la noche, en tu camino de regreso a casa. Voy a encontrarte esta noche”.
se apresuró a decirle a Julia Lysander, disfrazada del dios Mexica Xipe Totec, que su hija estaba un poco indispuesta para salir. 7:14 pm. Cuando Julia estaba por irse se escucharon unos gritos de terror y desesperación provenientes de la habitación de Joselyn. Ambas, Angélica y Julia se dirigieron rápidamente a su auxilio; cuando abrieron la puerta de la habitación vieron que la chica disfrazada de payaso pierrot estaba desmayada en el suelo. Entraron muy lentamente y con mucho cuidado, ya que con cada paso que daban, pisaban los vidrios rotos del espejo.
Epilogo.
7:12 pm. Minutos antes. Cuando Angélica cerró la puerta y dejo a Joselyn a solas, esta no pudo evitar experimentar una sensación de alivio. Todo había sido una alucinación. Tanto se había metido a la cabeza la historia de aquella mujer muerta a medio sepultar que creyó verla reflejada en su espejo: se sostuvo del marco del mismo, recargo su frente en el vidrio y exclamo una carcajada nerviosa, noto que Pain de Boy Harsher seguía sonando de fondo, después recordó que reprodujo esa canción en un eterno Loop para escucharla las veces que fuera necesario. Estaba a salvo, recobro el juicio y creyó que podría salir a disfrutar de la noche. Cuando Joselyn estuvo totalmente relajada y lista para continuar con su vida, se percató, por medio del reflejo de su espejo, que alguien estaba detrás de ella. Sintió como los latidos de su corazón se aceleraron, rápidamente volteo la mirada hacia atrás para averiguar de quien se trataba, ahí fue cuando la vio: Una mujer fantasmal, medianamente alta, con el cabello entierrado y enredado, y con un rostro amarillento con faltantes de piel y carne por el trabajo de los gusanos. La esclerótica de sus ojos estaba irritada como si acabara de llorar, y sus iris, se habían vuelto grisáceos a falta de su vida arrebatada; esa mujer, era Sofía. De su boca fría, amoratada y verdosa por la putrefacción, salió el sonido de una voz cansada, pesada y entrecortada; esa voz emitió una frase que Joselyn jamás olvidaría: – Nunca…. Preguntes, el Nombre…. ¡DE LOS MUERTOS! –el vidrio del espejo se rompió en mil pedazos-.
Lo último que alcanzo a escuchar Joselyn antes de desmayarse, fueron sus propios gritos.
Antonio Arroyo. Vivo en la Ciudad de México y soy pasante de la Licenciatura en Arqueología por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH). Tengo gusto por las narrativas de terror, suspenso y misterio. Esto mismo me ha llevado a incursionar en la elaboración de algunas obras que contengan estos elementos, los cuales se vean inmersos dentro del México prehispánico y el mundo religioso.
