Tres décadas de migración a Estados Unidos: Tres poemas emigrantes

by Yasmín

por Alejandra Escutia

Foto de portada: The Immigrants (1923), de Theresa Bernstein

La migración es, a todas luces, un fenómeno sempiterno. La naturaleza humana clama por moverse, por explorar y por el cambio. De igual manera, es parte de la naturaleza humana buscar la supervivencia a toda costa. En el peor de los casos, clama también por subyugar, vencer y conquistar, y ambas motivaciones tienen consecuencias cuyas ramificaciones se expanden a lo largo de los siglos: a la migración le debemos ciudades y países enteros, y le debemos también consecuencias como el racismo, el saqueo y la violencia colonialista que, de una forma irónica, perpetúa la necesidad de huir para salvarse.

Este es el caso de los tres autores que traduzco. El poeta rusoestadounidense de origen judío, Iósif Brodsky, conocido después como Joseph Brodsky (1940-1996) fue, junto con Boris Pásternak y Anna Ajmátova, uno de los autores soviéticos más importantes del siglo XX. Ante amenazas del gobierno de la URSS, se vio obligado a huir en 1972 sin más que su máquina de escribir y un libro de poemas de John Donne. Se estableció en Nueva York, y recibió la nacionalidad estadounidense en 1977. Diez años después obtuvo el Premio Nobel de Literatura. Su poema “Transatlantic” fue publicado por primera vez en la revista The New Yorker en 1992.

Doce años después, el poeta de origen salvadoreño Quique Avilés publicó The Immigrant Museum (2004), en el que incluye el poema “My tongue is divided into two”. El autor llegó a Washington, D. C. a los quince años de edad, ciudad en la que desarrolló sus habilidades como escritor. Esta antología, publicada como libro objeto, es un esfuerzo multidisciplinario que muestra sus habilidades poéticas y plásticas, donde relata sus experiencias como inmigrante de un país latinoamericano en Estados Unidos.

Finalmente, en 2014, diez años más tarde, la autora María Meléndez Kelson publicó “ICE Agents Storm My Porch” en la revista Poetry. En él, representa una realidad que, años antes y años después, enfrentan los migrantes que habitan en territorio estadounidense. La supervisión, la sospecha y el escrutinio se vuelven parte de la vida cotidiana bajo la vigilancia constante de un órgano federal diseñado con el propósito exclusivo de ejercer este tipo de violencia.

Denomino estos poemas como “emigrantes” dado que, por medio de la traducción, salen de su país de origen y encuentran un nuevo hogar en el nuestro. No sólo dejan su tierra natal, sino también su época y contexto para comenzar una nueva vida para nosotros y frente a nuestros ojos. Esto es, también, parte de nuestra naturaleza humana.

Transatlántico-Joseph Brodsky (1992)

Los últimos veinte años fueron buenos para casi todos
excepto para los muertos. Pero incluso tal vez para ellos también.
Quizás el Todopoderoso se volvió un poco burgués
y ahora usa tarjeta de crédito. Porque, de otra forma el paso del tiempo
no tiene sentido. De ahí los recuerdos, las remembranzas,
los valores, la conducta. Uno espera no haber
hartado a mamá o a papá o a ambos, o a todo un puñado de amigos
cuando dejan de atacar los sueños de uno. Los sueños de uno,
contrarios a la ciudad, se vuelven menos populosos
cuando uno envejece. Por eso el descanso eterno
suprime el análisis. Los últimos veinte años fueron buenos
para casi todos y establecieron
la vida eterna para los muertos. Se puede cuestionar su calidad
pero no su duración. A los muertos, uno asume, no
les importaría alcanzar el estatus de indigentes, y dormir bajo los puentes
u observar submarinos embarazados volver
a su aprisco natal después de un viaje por todo el mundo
sin destruir la vida en la tierra, sin
siquiera una bandera propia que izar.

1992

Mi lengua se partió en dos-Quique Avilés (2004)

Mi lengua se partió en dos
por virtud, coincidencia o palabras
celestiales que saltan de mi boca
y se pisan entre ellas
al disfrutar ser voz para el mensaje
que espera conclusiones

Mi lengua se partió en dos
por porciones de acentos pesadas y confusas
por milagros y accidentes
al decir cosas que hieren el corazón
y se ahogan en un lenguaje que vive, salta, traduce

Mi lengua se partió por el carácter
de nuestro deseo malsano de vencer y conquistar

Esta lengua se cortó en partes iguales
una quiere maldecir y cantar a gritos
la otra sólo quiere pedir agua

Mi lengua se partió en dos
a un lado le gusta la fiesta
la otra se refugia en la oración

lengua
inglesa con sonidos raros
lengua
sonidos raros ingleses
lengua
raros sonidos ingleses
lengua
inglesa en raros sonidos

Mi lengua a veces actúa como dos
y enloquece
sin saber qué lado debe hablar
y qué lado debe traducir

Mi lengua se partió en dos
una patrulla fronteriza avanza entre ambas
cachea palabras
pide identificación
revisa la pronunciación

Mi lengua se partió en dos
Mi lengua se partió en dos

Me gusta mi lengua
dice lo que creo correcto
me gusta mi lengua
dice lo que creo correcto

Los agentes de ICE irrumpen en mi entrada-María Meléndez Kelson (2014)

La Indiscriminada Ciudadanía de la Esfera
quiere arrestar mi sensación de no pertenecer.
“¡Abre!”, braman,
con las manos calladas ante mi puerta
que, de todos modos, sólo es viento y espinas de enebro.
No pueden, chillo desde dentro.
No pueden hacerme sentir como en casa aquí
en estos tiempos de sitio para mí y los míos, mi raza.
La sospecha legal de mi legitimidad
ya es residente permanente en mis entrañas.
“¡Fruto del nopal!”, maldicen,
acercándose a zancadas a mi mesa
para exprimirme un vaso de néctar rosa.
Trajeron canastas de bienvenida
llenas de pruebas de que soy terrícola.
Debajo del mantel de cuadros
jalo una pluma
verde iridiscente: corresponde
al concepto de “urraca”,
al parloteo de la memoria,
a la mente. La mía.
Y tienen mi mente traducida
en un lago como lienzo, que
vibra en forma
del deshojar otoñal del álamo,
que me refugia en la tierra, que me mancha
calor y hielo —
¡Pero siempre te va
a faltar algún papel importante! reclamo.
La duda siempre puede aventajar
tu geo-lógica.
Por lo que presentan
un mechón de mi polvo natal,
bronceado
como la fibra flameante
del pino plateado.
¿De dónde sacan esas cosas?
Las canastas no tienen fondo,
y no vale la pena insistir
en ser distinta.
Al pasar por la re-portación,
despierto en un Centro
donde se sueña
que los muros entre todos los seres
se disuelven.


Alejandra (Ciudad de México, 1998) es traductora, poeta y cuentista. Sus intereses son la poesía confesional, la literatura gótica y victoriana, la literatura poscolonial, feminista y queer. Actualmente es tesista de la Maestría en Traducción en El Colegio de México. Su ensayo “Depresión, poesía y Sylvia Plath” se publicó en la antología impresa de Isotopías.

You may also like

Leave a Comment