Por Leandro López
XDVII
Sumérgete, sumérgete, sumérgete en mí.
Necesidad humana de comprensión. Rezo pagano que se incrusta en las horas- pleamar. Cuerda sobre un abismo que une el fuego con el fuego.
Necesidad humana de ser habitado. Como un mausoleo y sus velas extenuadas, como una isla atravesada por la flecha del salvajismo y del abandono, como una gruta profunda que oculta la identidad dionisíaca del océano.
Necesidad humana de exhibir las ostras y el barro, el cristal y la bruma, lo exacto y la deriva.
Necesidades nunca satisfechas. Piedra donde despunta un alba dubitativa. Agua que chorrea y se pierde en un mareo de cuervos. Cielo que decanta en un espejismo de sí mismo.
Sumérgete, sumérgete, sumérgete en mí.
Del libro Kurt Cobain el hombre que tomó el desvío
XXI
Besaré tus llagas abiertas.
Dar a los demás lo que uno necesita desesperadamente. Demonios del alba, vino joven como menstruación de cielo, sueños enroscados a la proa del viento.
Asimilar los tajos del descenso para llegar más profundo o para hendir con la lanza del sinsentido alturas disipadas, refugio de copas rotas y de ojos extraviados.
Dar lo que no se tiene. Una ventana hacia el desvío de hojas secas, un campanario en la tarde ausente, una boca desbordada de palabras como pequeños insectos de verano.
Dar para dar. ¿La cima áurea? ¿La extensión del pentagrama? ¿La hondura con paredes de diamante?
Hasta la religión del albatros. Hasta la cordillera que encierra el eco que la justifica. Hasta las fauces neblinosas donde se prolonga el desgarro y adentro: música en degradé, perfume de papiros deshechos.
Del libro Kurt Cobain el hombre que tomó el desvío
XXII
No soy como ellos, pero puedo simular que el sol se ha ido pero tengo una luz, que el día ha terminado pero me estoy divirtiendo. Pienso que soy estúpido o quizá solamente feliz.
Mi corazón está roto, pero tengo algo de pegamento. Ayúdame a inhalarlo para arreglarlo juntos. Flotaremos y nos colgaremos de las nubes. Después caeremos y tendremos una resaca.
Ser lo que nadie quiere ser, despojo, barranco, lata abollada. ¿Existe dignidad mayor? Ser lo anhelado y lo temido, maldición justa, visionario solitario, arrecife. ¿Existe destino más alto? Ser lo que persevera tácitamente, espejo sucio, brotes de inocencia, subsuelo. ¿Existe tajo más sincero?
Hacer de la cornisa suelo firme.
Y sin embargo, mirar de reojo y alzar el vaso. Si nada significa; si los peces han emigrado de nuestras aguas –orfandad, orfandad de moscas–; si cuando se corre el mármol de la bruma, espesura insalvable, espirales adentrándose en el limbo –febril, inconexo, extrañeza.
Ajedrez de ciegos.
El vicio como brazo, como desembocadura apacible, como tiempo que se abstrae del espacio y de sí mismo. Nubes de vientre turquesa con heridas violetas. Labios de mar sobre la sangre seca. Jardines con aromas abiertos. Y el reverso: lejanía multiplicada, ajena de voz, larva, mortajas, uñas.
Claridad que exige manos y médula. Claridad –escombros. Claridad de suburbio que yace.
Del libro Kurt Cobain el hombre que tomó el desvío

Leandro nació en 1978, en la ciudad de La Plata, provincia de Buenos Aires, Argentina, donde reside. Profesor de Lengua y Literatura. Corrector Literario egresado de la Fundación Litterae. Obtuvo la Diplomatura Internacional para Correctores de Textos. Poemarios publicados: Caídas sobre caídas (2001), Postales anacrónicas (2007), El reino paralelo (2013), Mitología de la noche (2018), Kurt Cobain el hombre que tomó el desvío (2022).
Fotografía de portada: Yasmín Rojas
