DOS POEMAS DE ADRIANA GONZÁLEZ PASCACIO

by Yasmín

MOVIMIENTO

EL HELECHO colgaba de una piola dividida en tres;

se mecía neciamente, a pesar del poco aire y el corto espacio entre esa piola

y la promesa de hacer mi consciencia crecer.

¿Has escuchado el sonido de los autos al reversar?,

es uno ya característico, que suena muy agudo

y maullándole a mi estrés,

desde la calle

me devolvió frente a mi ya cotidiana taza de café́.

Estando aquí te alejas, estando aquí te vas.

Me lo digo frente a frente.

Mis partículas se dispersan y me disipé un poco en el ambiente,

ese mismo que trajo de vuelta a mi mente,

fue quien se la volvió́ a llevar.

Es la capacidad de la ubicuidad cerebral ¿no?

Creyendo lo que era disociar, apacigüe mis conjeturas dando paso y soltura

al movimiento rotacional,

y aunque no se siente, se percibe en el estridente flujo corporal.

Devorándome el consciente

que me propende a explorar,

el movimiento circular se intensifica entre mis dedos,

veo colibríes flotar;

¿así́ se siente el planeta rotar?

Cuantos decibeles de meditación necesito

para llegar hasta ese hito;

volteo,

vuelvo solo a mirar.

Sonidos silvestres me envuelven,

en el piar y gorjeo,

entre el paisaje y el aleteo,

me retomo en el goteo

de mi casi efectivo constelar.

Miríada de pulsaciones,

invitada a la expansión,

el busco y la veo frente a mí;

colores cálidos, análogos,

otros más abigarrados,

todos consensuados,

por mi débil membrana ocular,

que presta para degenerarse y escurrir,

por un abyecto porvenir,

riega de frente al espacio incoherente

que nos une y que nos separa,

aún sin irnos de cara, por la fuerte rotación.

Se precipita mi pulsación,

de impacto llegué a mi ser;

conocerme y reconocer,

soltándome de ambas manos, caminándome en este espacio que de mí dice saber,

regresó aquel trinar,

me devolví a este lugar

viendo al helecho colgar y donde escuchaba el piar,

que musitaba desde el lejos,

todo el temor que tengo

de volver y despertar.

*

AUTENTISMO FALAZ.

ASOMADA al cielo ilustre

de este espacio medio muerto,

medio vivo, medio lleno,

medio vacío,

con tanto momento

con tanta presencia y ausencia

con brillos a clemencia

de estos seres, sellos de existencia,

que evocan a placer

sinergias de aconteceres

a sabiendas de menesteres,

siendo oníricos y sonoros

en lacónicos meteoros

de implosiones coloradas.

El mundo ahí se derrumba

¿y que más nos queda?

dice aquel,

cantando, haciendo segunda,

siendo parte de este todo

haciéndonos varios coros,

llorando suplicio interno

abonando todos al perno,

que nos va manteniendo unidos.

Reflejos antónimos de tristezas,

revuelan añoranzas,

volvemos a las andanzas,

vamos aceptando el dolor,

vamos recaminando el mundo

desmantelamos el sistema…

Pero vivimos dentro,

seguimos siendo inexpertos.

Lloramos muertes lejanas,

sentimos duro esta guerra,

nos volteamos a ver,

podemos comer,

podemos andar,

nos duelen otros dolores

respiramos estos colores,

aceptamos nuestra humanidad

y gritamos la atrocidad.

¡Truenos y destellos que centellan este cielo ilustre!

Y debajo de él, nos asumimos compañeros

cohabitamos, cogitamos,

murmurando entre nosotros,

la realidad que tocamos.

El firmamento morado, ambiguo,

resistente, cambiante,

atraviesa la naturaleza

del experimento simbionte,

que sigue brillando entonces,

permanece atolondrado

con visuales que le atormentan;

¿de dónde es que se cimienta,

para aguantar la tortura?

¿desde la bella ternura?

¿observando nuestra postura?

Haciéndole travesuras al proceso obsoleto,

de casarnos con objetos y no olvidar nuestras almas,

levantar la falacia

que se nos ha planteado

siendo solo humanos,

viviendo por primera vez

haciendo de esta quimera…

 Lo que podemos hacer.





Adriana González Pascacio, Mexicana, nacida en Tixtla De Guerrero, Guerrero, en resignificación actual de importantes procesos, parte de la comunidad docente y eterna simpatizante y ejecutante de la música tradicional; avanzando en sintonía con la errante realidad, participe de grupos tradicionales de son Tixtleco, investigadora y ponente independiente, colaboradora en la reciente antología “Aroma del atardecer ll” y con participaciones en revistas digitales como Kametstka, Irredimibles y Santa Rabia Poetry; aprendiza de todo, erudita de nada, camina disfrutando y respetando siempre los propios y constantes cambios, expresa aquí narrativas disímiles pero semejantes, aceptando los caminos necesarios en la vida, poniéndolos en letras. 


Fotografía de portada de Yasmín Rojas

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