Texturas de algodón

by Fabiola Cabrera

por Itzel Cabrera

En enero de 2020 Fernanda Solórzano escribió el siguiente tuit: 

“Cindy la regia es mucho más arriesgada que 1917 , en cuanto a los clichés que desmonta. Te va a sonar como herejía pero eso justo, es el problema de los prejuicios: no te permiten ver más allá de categorías hechas por otros”.

ELLA explicó y desarrolló bastante bien su idea en su espacio de Letra Libres. No decía que Cindy fuera mejor en términos de presupuesto o técnica, sino que era más arriesgada en su narrativa. Mientras que 1917, una épica de guerra de Sam Mendes, sigue una estructura heroica tradicional, Cindy se atrevía a subvertir los tropos y expectativas del género de comedia romántica en México, dirigido especialmente al público femenino. Esto fue inaceptable para muchos, muchos sectores que dicen “comprender” el cine de prestigio y solemne: cómo se atrevía Fernanda a poner sobre la mesa el por qué se valora más una historia de soldados que una de una mujer buscando su identidad, cuando era evidente que el tema de la guerra es universal ¿no? 

Cindy la Regia subvierte el clásico “final feliz” que termina en una boda tras encontrar la protagonista al hombre ideal, pues Cindy huye de un matrimonio “perfecto” para buscar, nada más y nada menos, que su propia identidad y valía profesional. Quizá esto suena cliché en este año, pero siempre hay que recordar lo que dijo Kate Millett: “El amor ha sido el opio de las mujeres, como la religión el de las masas”. Quizá el lector masculino no lo entenderá pero este tipo de historias son importantes, especialmente porque Cindy la Regia buscó romper la narrativa de la rivalidad femenina, mostrando que realmente es el apoyo mutuo entre las mujeres lo que hace posible un escenario en el que se puedan desarrollar nuestras capacidades y habilidades en todos los sentidos de nuestra vida. De paso, aunque de manera más matizada diría yo, la cinta confronta el clasismo y los prejuicios geográficos al burlarse tanto de la burbuja social de San Pedro Garza García como de la supuesta superioridad moral de los intelectuales de la CDMX. 

Fernanda nos dice que si bien en 1917 hay maravilla técnica, narrativamente no ofrece nada distinto a lo que habremos de encontrar en el género bélico moderno: una misión de rescate lineal en la que el héroe es bueno, la guerra es mala y el objetivo es claro. No desafía ninguna estructura. 

Cuando escuché esta afirmación, le dí la razón a Fernanda sin necesidad de mirar ninguna de las dos películas y honestamente pensé de 1917 “una película de guerra más”. Ahora que lo pienso más profundamente ¿cuántas películas hay sobre las guerras? Y de esas películas ¿Cuántas suelen reafirmar lo que ya creemos de las guerras: que son terribles pero necesarias y que el soldado siempre es un héroe?

Escuché hace poco que Hollywood “inventó el cine bélico”. Es decir, no sólo ha hecho un sin número de películas de guerra, también ha inventado un lenguaje y una épica particular: hay un dominio latente en mostrar la guerra, y un énfasis desmedido en las guerras mundiales, y no se diga en la representación del holacausto. Parece una obsesión y es especialmente peligroso porque no se ocupa ningún matiz y casi ninguna complejidad en las narrativas (claro que sí hay películas que la tiene a múltiples niveles). Basta con mirar las películas sobre la segunda guerra “mundial”: siempre es el bien contra el mal absoluto y es indiscutible. 1917  es una película británica, pero sigue el molde y la narrativa visual de Hollywood. La película no pide a quién la mira que cambie su forma de pensar sobre el mundo; solo le pide que admire la destreza de su director… 

En este sentido, hace años decidí no mirar películas bélicas, especialmente todas aquellas centradas en las guerras que dicen ser mundiales porque la narrativa es casi la misma en todas y porque se han enfocado tanto en mostrarnos la textura del lodo de una trinchera en 1917, que la realidad humana de quienes viven hoy los conflictos. Incluso podríamos pensar que el cine bélico se construye de una forma en la que hace sentir al público que son “buenas personas” porque se conmovieron con el pasado, pero no les exige ninguna acción o cambio de pensamiento sobre el presente. Esto quita la capacidad de ver matices, pues en la vida real los conflictos no suelen ser entre “héroes” y “monstruos”, sino entre grupos con necesidades y miedos reales.Y me pongo a pensar cómo afecta esto nuestras nociones sobre las guerras que vivimos y las formas de paz que concebimos.

Pienso en que durante décadas se nos ha entrenado la mirada y todos los sentidos para comprender esa visión heróica de la guerra, por lo que el cine bélico no es más que una forma de romantizar una faceta de nuestra historia y presente que ha lastimado mucho no sólo a los humanos, sino a la naturaleza entera. Creo que dejar de mirar esas películas es una forma honesta y ética de existir quiénes optamos por creer en un mundo más esperanzador y justo. En este sentido, es más esperanzadora Cindy la Regia si interpretamos que la búsqueda de identidad de Cindy es una ruptura con el “opio” del amor romántico tradicional. 

En última instancia, quizás la verdadera herejía no es comparar una comedia mexicana con una épica bélica británica, sino seguir otorgando prestigio a narrativas que solo exigen que seamos testigas mudas del pasado. Entonces, si el cine bélico nos entrena para admirar la destrucción heroica, quizás sea hora de entrenar la mirada para valorar la reconstrucción humana. 

Fabiola Itzel Cabrera García es licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas, maestra y doctora en Investigación Educativa por la Universidad Veracruzana. Es especialista en educación rural y ecofeminista. Forma parte de la “Red Temática de Investigación en Educación Rural” y de la “Red de Mujeres Unidas por la Educación (MUxED)”. Sus temas de trabajo son los procesos educativos que ocurren en contextos rurales y las posibilidades de transformación social que favorecen el pensamiento y acción ecofeminista y la pedagogía para liberación social.

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