Texturas de algodón

by Fabiola Cabrera

Itzel Cabrera

Leí un extracto de una de las cartas que Rosa Luxemburg escribió mientras estaba en prisión, en una de esas tantas veces en las que injustamente fue privada de ser libre. En la carta, Rosa relata con profundo dolor cómo presenció el maltrato brutal a unos búfalos de agua, traídos como “botín de guerra” desde Rumania y que estaban siendo forzados a trabajar en condiciones miserables. Describe la mirada herida de uno de ellos, sin poder evitar el maltrato, sin poder salir de ahí, tal como ella; ambos perdidos de la libertad, tan lejanos del verde campo y de la brisa de las montañas. Mientras leía la carta pensaba también ¿Por qué los animales libres son parte del motín de las guerras humanas? ¿Hasta cuando los egos masculinos dirigirán el mundo? ¿Cómo se explican los animales cazados con violencia que de un día para otro no hay más campo verde que correr y sí una celda fría y los ojos de los humanos indiferentes e ignorantes de idiomas más que humanos? ¿Soñarán con lo que han sido forzados a dejar? ¿Cómo encuentran consuelo? ¿Sueñan con el futuro? ¿Tendrán la esperanza de un retorno? O ¿es sólo aceptar el presente? Me cuesta (y me duele) creer que de verdad no hay “explicación” posible para ellos. O quizá yo siempre pido más y más respuestas… pero ¿Cómo asimilan que su mundo, construido de instinto, paisaje, sonidos y relaciones silenciosas, es de golpe sustituido por un mundo de órdenes, gritos, golpes y encierro? ¿Qué se dirán entre ellos para soportarlo? 

Y en cuanto a nuestra especie me pregunto ¿Tendremos alguna vez el perdón de las otras especies por la aparente incapacidad humana de reconocer y de aprender otras formas de conciencia y de dignidad?

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