LENTICULAR (TRES FRAGMENTOS)

by Yasmín

por Samuel Espíndola Hernández

PRIMERO te entusiasmaba la idea porque se supone que veríamos cientos de lápidas bajo el agua, inclinadas, torcidas por las olas, agrietadas por la actividad de criaturas innombrables, los perezosos habitantes de una peculiar postrimería, incluso cuando intenté recordarte que la fotos que me mostraste era probablemente falsa, una foto cualquiera de internet de una cruz de cemento habitada por cangrejos y corales tenía que ser real, sentías o querías creer, y yo tuve que confesar que un cementerio submarino sepultado por un volcán sonaba demasiado bien, irresistible para mí también. En cuanto nos acercamos al lugar empezamos a confirmar mis sospechas, no había signos de una antigua ciudad y la única tumba todavía visible asomaba la punta en medio de un arrecife gris y una figura masculina descansando encima, dormía mientras se iba deshaciendo y soñaba con anémonas y con aquel tiempo en que todo era más tranquilo y la gente de Mambajao visitaban a sus muertos los domingos en la mañana sin pensar en el magma que se anunciaba solamente en los colores de las flores. Tenía miedo te decepcionaras, así que intenté como pude usar lo que sabía de colares y crustáceos y todo mi demasiado real amor por los procesos de descomposición que sabía encontrarías interesante, como esas fotos lívidas que sacaste de una granja donde un laboratorio forense cultivaba cadáveres como lilas, para replicar los colores, la velocidad, las condiciones atmosféricas, las manipulaciones intencionales o accidentales, que ayudaran a determinar crímenes, estudiándolos pero dándoles tiempo para pudrirse, botar gusanos por aperturas insolentes en los cráneos, abriendo nuevas aperturas para los ojos, nuevos sentidos tal vez, dejando la piel lavanda, ahumada con color de tabaco, cuero o relleno de tortas como dijo un crítico. Me acuerdo mi reacción cuando encontré ese libro en tu velador pero ahora sería mi redención si recordamos que estar bajo el agua es como esos recuerdos como forma de bola de nieve, o el interior de un jarro de formalina en el museo de historia natural, cualquier gabinete tortuoso, pero justo antes de despertar te veías tan feliz flotando encima de la única cruz vieja de cemento, casi completamente horizontal, no como la de tu foto, yaciendo lánguida en la arena donde cenizas y flores probablemente, también animales, plantas, la feria, todo lo que nació y creció en ese pueblo alguna vez sirvió de fertilizante para ese nuevo jardín de piedras y arrecifes muertos.

*

Me encontré mirando un espejo extraño, un precipitado estancado de líquidos colándose por entre rendijas en tus axilas, las arrugas de las sábanas en tus hombros, las heridas de un sueño nefario. El espejo que me diste, un cilindro lleno de alcohol, refugio subacuático para el murciélago frugívoro que trajiste de un viaje. Supongo que no fue un regalo, pero lo dejaste ahí en la mesa de la cocina, las mandarinas de repente alertas por su presencia y entonces te fuiste de vuelta a tu volcán. Como vivo ahora en este país plano sin montañas reales como te gustaba decir, era la excusa perfecta, tu coartada para ir y venir y el frasco en mi velador parece entender, entiende todo lo que pasa, le queda grabado en conserva, como mermelada. A veces se me da la gracia de una visión de esos ojos que miran altivamente, ese mármol blanco detrás de velos de formol que hacen sus labios enroscarse sobre sí mismos, como una sonrisa que burlara de nuestras ridículas desgracias, nuestra hambre.

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Los cocodrilos han alcanzado el círculo polar. No puedo mandarte la foto que saqué ayer, pero puedo intentar darte una idea: armados de equipos electromagnéticos para la elaboración de un tipo de resina que requiere la participación de personal especializado para la quema de toneladas de esquirlas de lapislázuli. El proyecto era crear el mismo azul que teníamos antes, prendieron las pantallas y la misma luz que conoces apareció ante nosotros.





Samuel (Santiago, 1993) es autor de Resonancias Magnéticas (Pez Espiral, 2021), un libro que explora los personajes de Twin Peaks con paisajes de la violencia chilena como telón de fondo. Su obra ha sido publicada en la antología Maraña (2019), The Poetry Project Newsletter, A Perfect Vacuum y Dial-A-Poem USA. Recibió el Premio Roberto Bolaño de Creación Joven, fue becario Emerge—Surface—Be 2023–2024 del Poetry Project y será fellow en MacDowell este enero, donde trabajará en su segundo libro, Lenticular.

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