ELUCUBRACIONES (28/12/25)
DESPUÉS DE LA FIL: VOLVER A GUADALAJARA, VOLVER A MÍ
Hay ferias que se viven como un torbellino y otras que, aun en el cansancio, dejan una sensación de cobijo. La FIL 2025 fue ambas cosas para mí. Me sentí feliz, a ratos abrumada —porque lo intenso también agota—, profundamente emocionada y, sobre todo, sostenida. Sostenida por mis amigas, por mis lectorxs, por las conversaciones que se dan cuando el libro deja de ser objeto y se vuelve puente. El ambiente fue bello, generoso, vibrante. Guadalajara volvió a recordarme por qué la nombro ya como uno de mis hogares.
Regresar a esta ciudad siempre me conmueve. Guadalajara es lectora, apasionada por el arte y hospitalaria. Esta vez la viví acompañada, cuidada, mal alimentada —aunque se me olvidaba satisfacer mis necesidades básicas; una noche fui a Tomate, unos tacos deliciosos que se quedaron conmigo— y con esa sensación de estar en un lugar donde la vida y la literatura importan. No como pose, sino como prácticas cotidianas.
Uno de los grandes regalos de esta FIL fue la gente. Quiero agradecer de manera muy especial a Lily Brizuela, mi RP, que hizo un trabajo extraordinario. Su acompañamiento fue preciso, generoso y cuidadoso en cada momento. También quiero agradecer a todas y todos los periodistas que me entrevistaron: valoro muchísimo su tiempo, sus preguntas, sus lecturas atentas y sus comentarios. Las entrevistas no son trámite; son diálogo, y cuando están bien hechas, se sienten como compañía.
Hubo encuentros que me marcaron de formas inesperadas. Conocer a Laura Vizcarra y el proyecto Bibliorefri fue uno de esos momentos que te devuelven la fe: un refrigerador lleno de libros, con impacto social real, circulando historias donde más se necesitan. No lo vi venir y me conmovió profundamente. También quiero agradecer a Rob Iván González Vázquez, creador de Los románticos pendejos, por inspirarme y por recordarnos que el humor es una forma de resistencia, una manera de reír justo cuando más duele.
Quiero mencionar también a la escritora Magda Pérez. Aunque no estuvo físicamente en la FIL, me acompañó de otra manera. Me quedé pensando mucho en nuestra última conversación, en eso que hablamos sobre el merecimiento y sobre escribir como mujeres. Hay diálogos que siguen trabajando en nosotras aun cuando han terminado, y ese fue uno de ellos.
A todas las personas que conocí —autoras, periodistas, lectoras, libreras— gracias. La literatura no se sostiene sola. Se construye en comunidad, en cruces, en afectos compartidos. Cada charla, cada firma, cada comentario ha sido parte de ese tejido.
Si algo me dejó esta FIL, además del cansancio bonito y la gratitud, fue una lección clara y sencilla: confía en ti y ámate mucho. Parece obvio, pero no lo es. Es una práctica diaria, especialmente en un oficio que nos expone tanto. Pensaba en esto mientras caminaba por los pasillos de la feria, recordando una idea de Takashi Hiraide: escribir también es una forma de cruzar límites, de soltar la ilusión de la posesión. Los libros no nos pertenecen del todo; una vez que salen al mundo, empiezan a vivir en otros cuerpos, en otras voces.
Me voy de Guadalajara con el corazón lleno, con la certeza de que volver aquí siempre será volver a algo mío. A quienes leen, a quienes acompañan, a quienes hacen que escribir tenga sentido: gracias. Ustedes son la razón.
Varias personas se acercaron estos días a decirme que El amor está en otra parte sería un regalo. Me conmovió pensarlo así: un libro que pasa de mano en mano, que se ofrece como gesto, como compañía, como una forma de decir “pensé en ti”. Si algo deseo para mis textos es eso: que encuentren otros cuerpos, otras casas, otros tiempos.
Gracias, siempre, a lxs lectorxs. Son ustedes quienes hacen que tengamos razones para escribir. Lo verdaderamente milagroso no es el acto solitario de la escritura, sino lo que sucede después: cuando alguien subraya una frase, cuando un recuerdo se activa, cuando una historia se vuelve propia.
Nos seguimos leyendo.

Alejandra Gotóo (Ciudad de México, 1991) estudió Lengua y Literatura Modernas Inglesas por la FFyL, de la UNAM. Después se aventuró a la maestría en Antropología Social, Universidad Iberoamericana. Su trabajo ha sido publicado en Chile, Colombia y Croacia, entre otros. En proyectos recientes ha explorado las intersecciones entre las experiencias de profesionales de la salud durante la pandemia de COVID-19. Realizó su investigación de posgrado sobre las vidas en la primera línea de batalla contra el virus. Su anhelo actual son las experiencias compartidas; las comprensiones mutuas. Durante sus elucubraciones encontró algo que antes no había logrado sentir de este modo, los cuerpos humanos, animales, y los espacios se entrelazan de una manera que podríamos sintetizar con la palabra paradoja. Ama a su perro peludo, el mathrock y el juguito de las satsumas.


