Columna mensual “El canto de la sirena”

by Yasmín

por Arely Jiménez

Ninguna llama decide
pausar su oficio de ser luz
y agotarse
para cuidar los signos que dejará
su ceniza.

He aquí que ardo
y mi voz responde íntimamente
a otra voz quebrada por la sed,
una sed cuidada amorosamente,
amamantada de pastillas,
con dos riñones ciegos por ojos,
con un rubio hígado lastimado.
Mi sed es una niña que aun oculta
las garras y los colmillos…

He aquí que no muero: ardo.
Con toda libertad: ardo.
Les digo, hermanos: ninguna llama decide,
nadie ha podido nombrar el fuego,
pero yo atravieso esta flama dividida,
su tersura crepitante,
y acomodo cada ceniza.


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